El susurro de un escalofrío

3:01 a. m.

En insomnios como este
mi espada envainada llora
afilada de duda
sin una lucha clara
más que hacerme sangrar.

Llena de melancolía
se empuña en mi mano abatida
busca entre las cenizas
ese incendio que le de brillo,
ese fuego que grite y haga crujir
la hoguera escondida
en las entrañas de mi océano,
pero todo es una cortina
de humedad, olas,
polvo y huesos que ahogan
su afilada convicción de encontrar.

Cansada reposa su filo
en la comodidad de mis sueños
entre los brazos vacíos de mis sábanas
y lucha por tu beso evanescente,
que ahí, correspondes entregándome
un capullo que muere en tu boca
y renace siendo mariposa en mis labios
sin nombre ni rostro
con alas de colores que no conozco

quizás solo existas
en la imposibilidad
de ese encuentro,
en esa calle,
cuando me miras y te miro
mientras los muros observan con envidia
que nadie nos puede encerrar
pues nos defienden nuestras alas
y nos iluminamos
reconociendo la luz de la sencillez
que delimita un encuentro infinito
pactado en la lejanía de las estrellas
en el todo o nada del universo.

Abriendo los ojos de mi conciencia
encuentro partes de ti en rostros
que se encienden de silencio
como si al nacer
hubieran desmembrado tu llanto
repartiendo cada grito y lágrima
en distintas gargantas y gestos.

Con el silencio de la desesperanza
concluyo que, tal vez,
mi mirada nunca pinte de alegría
tus contornos, tu pelo o tus manos.

¿En verdad existes?
Escurre hacia mi pecho
un solo pensamiento
que toma forma de obsesión:
quiero descarnar mis pies
recorriendo esa calle
una y otra vez
tropezarme para que la esperanza
me levante y seguir caminando,

hasta que un día
cuando la tarde envuelva al sol
del más sublime dorado,
vea el amanecer en tu rostro
brillando con el jugueteo
de la sombra de las ramas
que se mueven con la brisa
de nuestros suspiros.

Sentir a mis oídos encontrar la plenitud
escondida en el susurro de un escalofrío,
para al fin afilar de valentía mi espada
sabiendo que esa es mi causa,
caminar con la sonrisa como escudo
sin sentirme vana ni egoista,
solo llena de paz
con el pecho henchido de amor
para cortar con furia esas cadenas
que espían mis pasos,
sentirme viva, al fin viva
y libre, al fin libre.

SELKET YHAY

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